rosa
Il suo tenue profumo eleva in una azzurra atmosfera! La sua bellezza è raggiungibile solo
superando le tante “spine”
al Mito di Afrodite. La Dea puntasi nel rincorrere il suo amato Adone, con il suo sangue,
che cadde sulla rosa bianca, la rese di colore rosa, nella fusione del bianco della purezza
con il rosso dell’ardore. Afrodite di Sceral, imponente, dolce e sofferente, richiama alla dedizione,
ma anche
al dolore che la passione può portare, come il Mito simboleggia.
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Según la mitología griega, cuando Afrodita, la diosa del amor, corría a reunirse con su amado Adonis en trance de muerte, fue arañada por las espinas de un rosal blanco cuyas flores se tiñeron de rojo con su sangre. La leyenda romana sostiene, en cambio, que el color rojo de las rosas es el reflejo del sonrojo de Venus al ser sorprendida en el baño por Júpiter. Según la poeta Safo, ´´si fuese preciso nombrar una flor que con inigualable belleza gobernase en la pradera, la rosa, sin duda alguna, sería la reina de las flores .´´ Esta idea respecto de la realeza de la rosa también es detectable en la India, cuya cultura está literalmente obsesionada con el simbolismo de las flores ( lotos, nenúfares y caléndulas), y que llama a su rosa cósmica Triparasundari que hace referencia a la madre cósmica, perfección femenina del universo. Dado que la isla griega de Rodas debe su nombre a las rosas-en griego se las llamaba rhódon-, es fácil de imaginar cuál es el mejor clima para cultivarla: seco, cercano al mar, muy soleado y de inviernos no demasiado crueles.
La rosa, que fue cantada con admiración por Anacreonte, Herodoto, Homero y Virgilio, era objeto-en el mundo clásico- de las más delicadas alegrías, ocupando, en la vida cotidiana así como en los relatos mitológicos, un lugar destacado. Cualesquiera fueran las circunstancias de la vida, festivas o fúnebres, veían aparecer a las rosas. La clase alta romana pagaba precios de oro por las rosas obtenidas en cultivos artificiales durante el invierno o bien traídas por mar desde Egipto, en donde su estación era, por supuesto, más larga. Flotaban en vasos de alabastro en todas las comidas y coronaban las frentes de los invitados en las cenas y los ágapes imperiales. En aquellos años dorados del paganismo, las rosas favoritas eran las que Plinio denominaba rosas de Campanya, Pesto, Mileto y Cartagena. Lugares que, como se ve, estaban lejos del epicentro romano. Por su perfume, pero también por la sedosidad hedonista de sus pétalos, las rosas se asociaban al éxito y al placer, y será ése el motivo por el cual el naciente cristianismo la rechazará para recuperearla, siglos más tarde, en la era carolingia.
En Roma se consumían tal cantidad de pétalos, se tejían tantas coronas y guirnaldas para agasajar a los vencedores, que no sorprende que los campesinos le dedicaran, con frecuencia, más tiempo que a los cereales. Y otro tanto ocurría con las violetas desde que fueran instauradas las fiestas llamadas rosaria y violaria en honor de los muertos, a cuyas tumbas se llevaban ramos para homenajear su memoria. Esta relación de las flores con la muerte, siendo, como son, seres tan vívidos, procede sin duda de Egipto, que perfumaba al máximo a sus momias; además del hecho notorio de que toda la Antigüedad pensó el más allá como ´´campos de asfódelos o de narcisos´´. ¿Será casual que en hebreo bíblico, en el que la rosa se llama shoshaná ( que dará los nombres de Susana y Azucena ), morir se diga paráj neshamató? , es decir ´´ floreció su alma´´? Además de constituir un símbolo de valor y de coraje, las rosas estaban en el mundo clásico revestidas de gran significado social.
Cuando la VIII Legión volvió victoriosa de la campaña dirigida por Escipión en el norte de Africa, se concedió a sus hombres el honor de incluir una rosa en su escudo, privilegio que no se otorgaba con frecuencia. En el ámbito latino el jardín de rosas llevaba el no