TAGORE – EL ÚLTIMO VIAJE Y OTROS POEMAS

di | 21 de Settembre de 2011

Alcune Poesie di Tagore

El último viaje

Sé que en la tarde de un día cualquiera el sol me dirá su último adiós, con su mano
ya violeta, desde el recodo de occidente. Como siempre, habré musitado una canción,
habré mirado una muchacha, habré visto el cielo con nubes a través del árbol que se asoma a mi ventana…
Los pastores tocarán sus flautas a la sombra de las higueras, los corderos triscarán en la
verde ladera que cae suavemente hacia el río; el humo subirá sobre la casa de mi vecino…
Y no sabré que es por última vez…
Pero te ruego, Señor: ¿podría saber, antes de abandonarla, por qué esta tierra me tuvo entre
sus brazos? Y ¿qué me quiso decir la noche con sus estrellas, y mi corazón, qué me quiso decir mi corazón?
Antes de partir quiero demorarme un momento, con el pie en el estribo, para acabar la
melodía que vine a cantar. ¡Quiero que la lámpara esté encendida para ver tu rostro, Señor!
Y quiero un ramo de flores para llevártelo, Señor, sencillamente.

Soledad

Sentado a la puerta de mi cabaña canto en voz baja.
La mañana, a mis pies, me mira con sus puros ojos de doncella. Por el camino ríen y cantan los
enamorados. ¡Y nadie viene a acompañarme!
Sentado a la puerta de mi cabaña sueño las nubes. El medio día me contempla
con sus quietos ojos. En la floresta dorada se miran los amantes. ¡Y nadie viene
a acompañarme!
Sentado a la puerta de mi cabaña callo nostálgico. La tarde me mira con sus ojos
de cervato. Hacia el río, en la penumbra morada, se esfuman las parejas. ¡Y nadie
viene a callar conmigo!
Sentado en la puerta de mi cabaña suspiro y estoy triste. La noche me mira con
sus ojos estrellados. En el aire cálido palpitan besos y caricias. ¡Y nadie viene
a acompañarme!

Invocación a la noche

1. Oh noche, noche morena, hazme tu poeta!
Durante miles de años los hombres han velado, mudos, a la sombra de tu estrellado
poderío: déjame cantarte por todos ellos.
Llévame en tu alado carro que silenciosamente se desliza de mundo en mundo,
¡oh tú! nocturna noche, magnífica y oscura!

2. A veces un espíritu ansioso entra, furtivo, en tu corte, y errando por tu mansión
sin luz interroga vanamente los aires.
Y a veces algún corazón traspasado por la
flecha de júbilo que lanza el arquero desconocido, prorrumpe en su misterioso canto
que estremece la tiniebla hasta sus cimientos.
A ti las almas conturbadas vuelven sus ojos y quedan temblando de pronto, ante tu cielo
parpadeante, como quien descubre un tesoro.
Hazme tu poeta, oh noche, el poeta de tu insondable silencio.

El poeta

El alma del poeta danza y delira sobre la ola de la vida, entre el clamor de vientos
y mareas.
Y cuando el sol esconde su frente y el cielo entristecido cae sobre el mar como los
párpados sobre los ojos fatigados, el poeta, dejando su pluma y con la cabeza en la mano,
deja huir su pensamiento hacia el abismo del silencio, hacia la niebla del eterno secreto.

Los niños

En la última playa del mundo los niños se reúnen. El infinito azul
está a su lado, al alcance de sus manos. En la orilla del mundo,
más allá de la luna, los niños se reúnen, y ríen, gritan y bailan entre
una nube de oro.

Con la arena rosa, dorada, violeta -en el alba, al medio día, por la tarde-
edifican sus casas volanderas. Y juegan con las menudas conchas vacías.
Y con las hojas secas aparejan sus barcas y, sonriendo, las echan al
insondable mar. Los niños juegan en la ribera del mundo, más allá del cielo.
No saben navegar, ni saben lanzar las redes. Los niños pescadores de perlas
se hunden en el mar y, al alba, los mercaderes se hacen a la vela; los niños
entretanto acumulan guijarros de colores y luego, sonriendo, los dispersan.
No buscan tesoros escondidos, ni saben echar las redes.
Sube la marea, con su ancha