E.BLOCH

di | 8 de Settembre de 2013

«Solo un ateo può essere un buon cristiano».

“Cosí si espresse una volta in un pubblico dibattito il famoso filosofo E. Bloch. Il quale, per altro, pur essendo non credente – ma sarebbe forse meglio dire non cristiano – ha sempre mostrato profondo rispetto e grande interesse per l’influenza che il messaggio biblico ha avuto sulla storia del concetto, ma soprattutto degli effetti, della virtú della speranza.”

Giuseppe Trentin

Tratto dalla rivista “Studia Patavina” n. 1/2013
(http://www.fttr.it/web/studiapatavina)

FONTE:LibreriadelSanto.it

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Ernst Bloch: compañero en la esperanza

“Cuando muere un filósofo, el hombre se resiente, Es como si la vida se robara sabiduría a si misma. La muerte de Ernst Bloch, nos obliga de una forma u otra a recordar algunas reflexiones suyas que aportan luz en el camino de búsqueda de la verdad a través de la esperanza.

Bloch, por encima de teorías y prácticas, es filósofo. Su espíritu abierto y en camino le hizo adoptar una postura de sabio ante el mundo pluriforme. Es hijo de su época y debido a su experiencia frente al irracionalismo, su filosofía se hace más auténtica, más veraz. En definitiva, su marxismo es muy puro, bien estructurado, enormemente esperanzador. Aquí radica la quintaesencia de su doctrina: concebir la esperanza como principio humano para vivir la trascendencia, es decir, la posibilidad permanente de que el hombre se realice plenamente en comunión.

Para esto es necesario, por encima de todo, vivir una fe secular. Con la fuerza del mensaje mesiánico que aporta el marxismo. Para Bloch, el primer fallo del marxismo llamado oficial radica en su negación de la religión como dínamis, como fuerza arrolladora que es capaz de saciar el hambre de realización personal que tiene todo hombre. Es un planteamiento idealista, pero quizá el único camino. Bloch insiste en la profundización del marxismo como idealismo impregnado de realidad, que llevará a la revolución social dentro de unos parámetros humanos, no estrictamente materiales. Planteamos así una perspectiva de futuro donde el hambre es el gran artífice del mundo, sirviéndose de la naturaleza, de los valores morales e incluso de la estética.

No debemos olvidar su conexión con el pensamiento de Lukács. La realidad analizada por Bloch no es un todo presente, ya hecho. Si existe la realidad es gracias a un proceso. Y si hay proceso, hay pasado, presente y futuro. Este futuro-presente es, para Bloch, la autoconciencia.

Esta realidad-futuro-presente es dialéctica y asume sus limitaciones propias. La filosofía sería la encargada de transformar el mundo de la dialéctica sujeto-objeto, llevando al hombre al autoconvencimiento de la necesidad de desaparición del proletariado: «La filosofía no puede realizarse sin la supresión del proletariado y el proletariado no puede autosuprimirse sin que se realice la filosofía».

En un mundo dominado por la economía, Bloch se admira del poder intelectual y cultural como agentes transformadores de la sociedad, donde el hombre, una vez más, es el centro por la asunción de su conciencia. Frente al principio materialista de Marx de que la realidad social determina la conciencia del hombre, Bloch presenta a la conciencia individual del hombre como determinante de la historia y de su historia, enfrentándose cotidianamente con la insatisfacción humana vivida en necesidad y negación. Por ello, el hombre lucha por alcanzar su plenitud. El hecho es que todavía no la ha alcanzado. Esta «hambre cósmica» se experimenta en el deseo de alcanzar un sentido pleno de la vida: «La sustancia, la materia humana no está todavía ni determinada ni completa sino que se halla en un estado utópico abierto, un estado en el que todavía no ha aparecido su auto-identidad. Por consiguiente, no sólo el existente específico, sino toda la existencia dada y aún el mismo ser tiene márgenes utópicos que rodean la actualidad con posibilidades reales y positivas».