¿Por qué hago el mal? Preguntó un discípulo al maestro.
Porque estás hechizado, le respondió.
¿Hechizado por quien? Por esa cosa ilusoria
que llamas tu “yo”.
¿Y cómo puede cesar el mal? Volvió a preguntar.
Comprendiendo que el yo como tú lo conoces no existe
y no necesita, por tanto, ser protegido.
– Anthony de Mello-