JORGE AFONSO – L´isola

di | 6 de Agosto de 2011

Hoy hablo de Jorge Afonso
me gustan mucho sus pensamientos ,su manera de acer musica… y su sonrisa!

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El siglo XXI y la falta de
comunicación

Jorge Afonso

Qué curioso! Hoy contamos
con información
ilimitada, con la
posibilidad de acceder a una
fuente inagotable de conocimiento
y, al mismo tiempo,
este progreso y desarrollo
cultural hace que el perfil de
muchos ciudadanos del munque apenas se relaciona, o lo hace maltratando al
diccionario.
Internet, la Game boy, Playstation, el simple televisor,
los móviles (y sus mensajes abreviados),
están cambiando muchas conductas sociales. Para
empezar, la preocupante falta de comunicación.
En la vorágine de este desarrollo acelerado, se
han roto muchas cosas. Parece que el salto de generación
en generación es un gran salto al abismo. El
abuelo de 70 años intenta conversar con el niño de
10, pero la impotencia se apodera del septuagenario,
cuando descubre que no hay respuesta al otro
lado. La influencia del mal uso de estas tecnologías
sobre el niño, alienado con su maquinita más vanguardista,
rompe en mil pedazos lo más elemental,
importante y enriquecedor entre mortales, el diálogo
y la comunicación.
Nos estamos acostumbrando a divertir solos, o
mejor, a pasar los ratos solos. Los hermanos separados
en sus habitaciones, frente al ordenador, el
niño entretenido con su juego beligerante, mientras
su madre busca el sustento, o la comunicación de
los amigos vía SMS, en lugar de comunicarse, son
solo ejemplos de que el desarrollo le está ganando
la batalla al verbo.
Qué enriquecedor disfrutar de un gran orador, interactuar
en un coloquio con sus réplicas y contrarréplicas,
jugar a los juegos tradicionales como el
de la silla, el escondite, …descubrir una adivinanza;
en definitiva, a compartir en lugar de aislarse.
Si hay algo maravilloso y emocionante en este
mundo, es vivir los sueños compartidos.
Esta es mi humilde reflexión.

Jorge Afonso
Fonte
Periódico:El Enfoque de Fuerteventura
número 48
Agosto 2011

Atodo aquel que viva inmerso en la competitividad del
mundo actual, formando parte del estresante día a día,
con las dudas existenciales que nos visitan a todos los
mortales de vez en cuando, le recomendaría venir a Fuerteventura
a encontrarse a sí mismo y a fusionarse con el medio.
La luz que envuelve nuestra bella Isla es un chorro de vida
que le da color a un sinfín de pequeños universos. Quedarse
embelesado contemplando el horizonte es sinónimo de una reflexión
pacífica y enormemente terapéutica, que ayuda a templar
el ritmo acelerado de nuestro corazón.
La estampa típica del interior es maravillosa. Las gavias con
sus muros de piedra de cal, la palmera, el molino, el burro majorero,
me fascinan. Disfrutar de todo lo que nuestra tierra nos
da es un placer gastronómico de altísimo nivel. Papas, cebollinos,
calabazas, pimientos, rábanos, todo lo que brota de nuestra
fértil tierra es de primerísima calidad. Cuando las familias
recogen la cosecha de papas, allá por el mes de febrero, es una
fiesta de sabores para el amante de la buena mesa.
El cielo, absolutamente inmaculado, azulado e infinito se
mezcla con el mar. La costa de Fuerteventura es sencillamente
espectacular. Dicen los conocedores del mundo, que nuestras
playas son de las mejores por su bondad, clima e interminables
dunas de fina arena. Yo comparto esta teoría y además añado
dos cualidades importantes más: la diversidad y tranquilidad
de nuestra costa.
Basta de vejar al ser humano obviando siglos de evolución del conocimiento,
amputándole el derecho de acceso a tan vasto bagaje de nuestra inteligencia
ancestral, a través de estudiadas y meticulosas actuaciones políticas
sobre la cultura, apoyadas en sesgadas y perversas manipulaciones y obscenos
reduccionismos al absurdo, a favor de un único y definitivo objetivo que consiste
en controlar la voluntad del votante, alcanzar el po