A DON MIGUEL DE UNAMUNO
Por su libro Vida de Don Quijote y Sancho.
Este donquijotesco
don Miguel de Unamuno, fuerte vasco,
lleva el arnés grotesco
y el irrisorio casco
del buen manchego. Don Miguel camina,
jinete de quimérica montura,
metiendo espuela de oro a su locura,
sin miedo de la lengua que malsina.
A un pueblo de arrieros,
lechuzos y tahúres y logreros
dicta lecciones de Caballería.
Y el alma desalmada de su raza,
que bajo el golpe de su férrea maza
aún durme, puede que despierte un día.
Quiere enseñar el ceño de la duda,
antes de que cabalgue, el caballero;
cual nuevo Hamlet, a mirar desnuda
cerca del corazón la hoja de acero.
Tiene el aliento de una estirpe fuerte
que soñó más allá de sus hogares,
y que el oro buscó tras de los mares.
Él señala la gloria tras la muerte.
Quiere ser fundador, y dice: Creo;
Dios y adelante el ánima española…
Y es tan bueno y mejor que fue Loyola:
sabe a Jesús y escupe al fariseo.
Machado
LA SAETA
¿ Quién me presta una escalera
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?
Saeta popular
¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!
Antonio Cipriano José María Machado Ruiz
(26 de julio de 1875 – 22 de febrero de 1939)
poemas de Antonio Machado
I. El viajero
II. He andado muchos caminos
III. La plaza y los naranjos encendidos
IV. En el entierro de un amigo
V. Recuerdo infantil
VI. Fue una clara tarde, triste y soñolienta
VII. El limonero lánguido suspende
VIII. Yo escucho los cantos
IX. Orillas del Duero
X. A la desierta plaza
XI. Yo voy soñando caminos
XII. Amada, el aura dice…
XIII. Hacia un ocaso radiante
XIV. Cante hondo
XV. La calle en sombra. Ocultan los altos caserones
XVI. Siempre fugitiva y siempre…
XVII. Horizonte
XVIII. El poeta
XIX. ¡Verdes jardinillos!