ALFONSINA STORNI POETESSA

di | 29 de Gennaio de 2010

Oggi voglio parlare di una grande poetessa
partendo dalla sua fine e tragica

Hacia la una de la madrugada del martes veinticinco Alfonsina abandonó su habitación y se dirigió al mar.
Esa mañana, dos obreros descubrieron el cadáver en la playa.
Aunque los biógrafos aseguran que saltó al agua desde una escollera, la leyenda es que se internó lentamente en el mar.

EL FINAL
A la tarde, los diarios titulaban sus ediciones con la noticia: «Ha muerto trágicamente Alfonsina Storni, gran poeta de América». A su entierro asistieron los escritores y artistas Enrique Larreta, Ricardo Rojas, Enrique Banchs, Arturo Capdevila, Manuel Gálvez, Baldomero Fernández Moreno, Oliverio Girondo, Eduardo Mallea, Alejandro Sirio, Augusto Riganelli, Carlos Obligado, Atilio Chiappori, Horacio Rega Molina, Pedro M. Obligado, Amado Villar, Leopoldo Marechal, Centurión, Pascual de Rogatis, Carlos López Buchardo. Fue sepultada en el Cementerio de la Chacarita.

Alfonsina Storni Martignoni (Sala Capriasca, 22 de mayo de 1892 – Mar del Plata, 25 de octubre de 1938), poeta y escritora argentina

PRIMA

El veintiséis de enero de 1938, en Colonia, Uruguay, Alfonsina recibe una invitación importante. El Ministerio de Instrucción Pública ha organizado un acto que reunirá a las tres grandes poetas americanas del momento, en una reunión sin precedentes: Alfonsina, Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral. La invitación pide «que haga en público la confesión de su forma y manera de crear». Tiene que prepararse en un día y, llena de entusiasmo, escribe su conferencia sobre una valija que ha puesto en las rodillas. Divertida, encuentra un título que le parece muy adecuado: «Entre un par de maletas a medio abrir y las manecillas del reloj».

Hacia mitad de año apareció Mascarilla y trébol y una Antología poética con sus poemas preferidos.

Los meses que siguen fueron de incertidumbre y temor por la renuencia de la enfermedad: Alfonsina padece cáncer terminal.

En octubre viaja a Mar del Plata. Desde allí, envía tres cartas: una a su hijo, Alejandro; otra a Gálvez, para que procure que a su hijo no le falte de nada, y un “Poema de despedida” al diario La Nación:

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina, tenme puestas las sábanas terrosas y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. Pónme una lámpara a la cabecera, una constelación, la que te guste, todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes, te acuna un pie celeste desde arriba y un pájaro te traza unos compases para que te olvides. Gracias… Ah, un encargo, si él llama nuevamente por teléfono

le dices que no insista, que he salido…”

…………….
“Un día estaré muerta, blanca como la nieve,
dulce como los sueños en la tarde que llueve.”

En 1920, Alfonsina Storni —veintiocho años— ha conocido ya adversidades e ilusiones y ha afirmado y confirmado su vocación de escritora en varios libros de versos: La inquietud del rosal, de 1916; El dulce daño, de 1918; Irremediablemente, de 1919; Languidez, de 1920; y también en algunos relatos… Estos libros de versos muestran la realidad de una poeta auténtica, en cuya creación se funden hermosa y entrañablemente poesía y verdad, la verdad profunda de un ser humano: sus anhelos, sus angustias, sus rebeldías… Como ella misma confiesa:

Soy un alma desnuda en estos versos,
alma desnuda que angustiada y sola
va dejando sus pétalos dispersos.

Y sobre la raíz, motivación y sentido de sus versos, sobre su voz de mujer manifiesta en ellos, revela también:

Pudiera ser que todo lo que en verso he sentido
no fuera más que aquello que nunca pudo ser,
no fuera más que algo vedado y reprimido
de familia en familia, de mujer en mujer.

Uno de los poemas, el titulado «Tú me quieres blanca», perteneciente a su segundo libro, El dulce daño, alcanzará pronto notoriedad:

Tú me quieres alba,
me quieres de