AGARFA E EL GAROÉ EL ÁRBOL SANTO – L´isola

di | 2 de Novembre de 2009

Per Agarfa ho scritto una poesia ispirata dalla sua leggenda.

PER AGARFA

E quando i venti alisei
mi condurranno lontano
e voleró in una nube di calima
dite quanto ero bella.
Che le mie labbra erano brace
dove ravvivare il fuoco.
Dite
quanto profondi e neri
erano gli occhi miei
in cui lui si inabissó.
Raccontate
di lui che mi stregó
col suo amore
e carpí ogni segreto
dal mio cuore

Nell’antico popolo de la isla de El Hierro. (Canaria)
Agarfa ,che aveva svelato al suo innamorato,un soldato andaluso, dove si trovava l’albero dell’acqua,
fu uccisa dall’implacabile Tincas che le trafisse il petto con una lama affilata.
Tincas aveva detto”Si alguien descubre el secreto de el Garoé ,el árbol santo,pagará con la muerte.”

EL GAROÉ, EL ÁRBOL QUE MANABA AGUA (Leyenda).

“No hay más agua en la isla que la que destila El Garoé.”

Así habló el bravo Erese en la asamblea. Tenesedra, su mujer, continuó relatando el plan.

-“Si lográramos ocultarlo recubriendo sus ramas, la sed obligaría a los extranjeros a marcharse.”

Los extranjeros, al mando de Juan de Béthencourt, habían arribado a la playa de Tecorone una mañana de estío, desplegadas las velas de sus embarcaciones semejando casa blancas en el mar. Cuando Armiche, rey de la isla del Hierro, vio balancearse sobre las aguas los navíos, recordó el antiguo oráculo de Yoñe el agorero.

-“Sólo bienes y beneficios traerán los extranjeros, emisarios de Eraoranhan el dios.”

Eso había vaticinado.

Al desembarcar, Juan de Béthencourt envió un mensaje a Armiche para que le transmitiera palabras de protección y amistad. Aquel mensajero era Augeron, el hermano del monarca herreño, que cayó años atrás en manos de aragoneses, fue luego a poder del rey de Castilla y de él pasó a servir a Béthencourt. Apenas se dio a conocer Augeron a su hermano y le declaró su comisión, Armiche, acompañado de ciento once isleños, vino a rendirse y dar muestras de vasallaje al conquistador francés. Mas Erese y Tenesedra, su mujer, y el valiente Guasaguar, y el osado Tincos, y un grupo de fieles amigos no aceptan la sumisión y quieren seguir siendo dueños de su destino. Por eso se han reunido. Por eso cavilan la mejor manera de combatir y rechazar a los invasores.

-“Tenemos que ocultar el Árbol Santo. No hay más agua en la isla que la que destila El Garoé.”

Era El Garoé único en su especie, sin que hubiera otro árbol semejante en la isla. El tronco tenía de circuito y grosor doce palmos, su ancho sumaba cuatro y el alto cuarenta desde el pie a la mayor altura. Ciento veinte pies de torno contaba la copa en redondo. Las ramas muy extendidas y coposas, muy elevadas de la tierra. su fruta, como bellota con su capillo y fruto como piñón, gustoso al comer, aromático, aunque más blando. Jamás perdía EL Garoé la hoja, similar a la hoja del laurel, aunque más grande y ancha y encorvada, con verdor perpetuo. Y jamás perdía la hoka porque en cuanto se secaba caía pronto quedando siempre la verde. Abrazada al Árbol Santo estaba una zarza que cogía y cerraba muchas de sus ramas. Se hallaba emplazado en el lugar y término al que denominaban Tigulahe que era una cañada que iba por un valle arriba desde el mar a un frontón de risco. Sano, entero y fresco durante años, las hojas de El Garoé destilaban tanta y tan continua agua que bastaba para dar de beber a la isla toda. Más de veinte botas de su agua se recogían cada día.

Y es que todas la mañanas se levantaba del mar una nube o niebla de la más cerca del valle que subía con el viento sur o levante la cañada arriba hasta dar en el fontón del risco. Y como se hallaba allí El Garoé, árbol espeso de muchas y anchas hojas, la nube o niebla se asentaba en él y él la recogía y se iba deshaciendo y destilaba el agua. De aquella fuente prodigiosa proveía la naturaleza a los herreños frente a la sequedad de la tierra.

-“Apresurémonos pues a cubrir el Árbol Santo.”

Concluyó así la reunión y se aprestaro